7.1. Manejo por Comunidades

El día de hoy, martes 23 de julio de 2013, concluimos la etapa de recolección de información de esta herramienta. La información publicada hasta la fecha es aproximadamente un tercio de la información recibida y la información recibida, es a su vez, una muestra de la información identificada en libros editados, informes institucionales, revistas científicas, trabajos de grado y tesis y medios de comunicación reconocidos. Durante el próximo mes estaremos subiendo la información recibida faltante y preparando la versión final del documento. Las secciones de comentarios permanecerán habilitadas.

PREGUNTAS

¿Qué especies son manejadas (o aprovechadas) por comunidades? ¿En qué consiste su aprovechamiento?

¿Quiénes realizan este uso en el país, en qué regiones, a qué grupos sociales corresponden?

¿En qué cantidades se utiliza la fauna silvestre para cada fin?

¿Qué efectos tiene este uso sobre la Fauna Silvestre? ¿Se asocian prácticas de manejo sostenible a esta forma de aprovechamiento? ¿Han sido efectivas?

Comedidamente, les invitamos a conocer la metodología propuesta para realizar sus aportes a este proyecto.

EL PUNTO DE PARTIDA, el diagnóstico de 1997 (Min. Medio Ambiente)

“A nivel nacional la fauna ha sido y es fuente importante de proteína animal para las comunidades rurales, las cuales representan 27% de la población total, incluyendo 900.000 habitantes de diversas etnias indígenas. En la región amazónica se extrae anualmente un número aproximado de 4.000.000 de individuos de diferentes especies de fauna silvestre, representando 40.000 toneladas de carne (Gómez et al. 1994), de los cuales una porción significativa contribuye a la dieta de los pobladores rurales.” (p. 13).

“Las pocas investigaciones y experiencias de manejo que se han desarrollado son en su mayoría acciones aisladas a nivel regional, que por falta de mecanismos de coordinación han llevado en algunos casos a la duplicidad o pérdida de esfuerzos e inversiones. Además, han carecido de una clara definición por parte del Estado y, en gran medida, han respondido únicamente a la orientación particular de universidades y organizaciones no gubernamentales. No obstante, existen algunos programas y acciones para la conservación de la fauna silvestre con muy buenos resultados que requieren ser fortalecidos y extendidos a otras especies cuya atención es prioritaria.” (p. 16).

RESPUESTAS

En la década de 1990, el estudio del manejo de Fauna Silvestre con comunidades rurales tuvo una década dorada, como se puede verificar en la extensa revisión presentada por Gómez et al. (2003).

Ayres et al. 1997, Bedoya 1999, Bodmer 1993, Bodmer et al. 1993, Bodmer et al. 1995, Bodmer et al. 1997 y 1997a, Bodmer et al. 2000, Bodmer & Penn 1997, Bodmer & Puertas 2000, Campos et al. 2001, Canaday 1997, Coltrane & Bodmer 1999, Fragoso et al. 1998, Graham 2000, Hill & Padwe 2000, Hill & Tikuragi 1996, Leeuwenber & Robinson 2000, Leeuwenber 1997, Loja et al. 2000, Martínez & Rodríguez 1997, Mena et al. 2000, Noss 1999, Rubio-Torgler 1997, Rumia et al. 1997, Sahley 1999, Townsend 1997, 1997a y 2000, Townsend et al. 2001, Valqui & Bodmer 1997, Ventocilla 1997, entre otros.

Los Congresos Internacionales sobre Manejo de Fauna Silvestre en la Amazonia y Latinoamérica, cuyas memorias se encuentran disponibles aquí: http://www.manejofaunasilvestre.org/ deberían ser el punto de partida para cualquier trabajo en el tema. En el caso particular de Colombia, el hito corresponde a el congreso realizado en Cartagena de Indias en 2001 (Polanco-Ochoa 2003, http://www.manejofaunasilvestre.org/Congresos/Cartagena2001.aspx).

La relevancia alcanzada por los estudios de Fauna con comunidades en la década de los noventa, también se puede observar en la transición de los estudios de caza, desde el ámbito de la antropología, al ámbito de la biología y hacia un ámbito interdisciplinario, en la figura 1 de Campos-Rozo (2002).

estudioscaceria1

Para la definición de lineamientos de política, para la gestión de Fauna Sivestre, encontramos indispensable tomar en consideración las reflexiones de Baptiste et al. (2002):

“El consumo directo o la comercialización de la fauna proporciona a gran cantidad de familias un medio adicional para su subsistencia. Sin embargo, la caza de subsistencia no se restringe a aquella realizada para el consumo del cazador o su familia, tal como la ley la define, sino que incluye la venta de animales o partes que le permiten llenar otras necesidades vitales básicas. ¿No es el cambio o venta de una tortuga marina para obtener sal, pan o cereales, cacería de subsistencia? Para muchos indígenas, colonos y habitantes rurales es indispensable vender productos silvestres, pues no existe otra manera de obtener dinero para comprar ropa, sal, gasolina, etcétera. Por tanto, tal y como define la ley qué acciones se consideran caza de fomento o comercial, muchas de ellas son en realidad caza de subsistencia, la cual a menudo está enmarcada en modelos tradicionales de manejo del ecosistema; es decir, son producto de una gestión que no se reconoce oficialmente como tal.”

Igualmente, consideramos urgentes, las reflexiones de Campos-Rozo & Ulloa (2003a) al analizar las perspectivas y tendencias en torno al manejo de fauna participativo en América Latina, después de más de una década de intenso trabajo en la temática.

“La prohibición del uso de ciertas especies versus los derechos de los pobladores locales, ha generado conflictos que trascienden el ámbito netamente específico del manejo de fauna para dimensionarlo en un contexto más amplio donde factores sociales, culturales, económicos, legales y políticos, deben ser tenidos en cuenta para la toma de decisiones. Estos conflictos nacen en parte por las premisas de las políticas con referencia a la propiedad de la fauna y a la determinación de su uso. En Colombia, por ejemplo, se reconoce la propiedad de la fauna a la Nación, exceptuando los individuos de zoocriaderos y de cotos de caza de propiedad particular, y es competencia gubernamental definir los lineamientos de manejo, uso y aprovechamiento sostenible del recurso. El primer aspecto privilegia la propiedad y manejo de la misma a los particulares solamente en ciertas situaciones donde el manejo se hace con fines comerciales, y excluye de este derecho a pobladores locales que hacen un manejo dentro de un contexto diferente al netamente comercial. El segundo aspecto excluye, de igual manera, la visión local.” (Campos-Rozo & Ulloa 2003a, p. 37).

“Por otro lado, no todos los países admiten como categoría de caza la que se ha denominado de subsistencia y los que la consideran en la normativa, la relacionan con el concepto que tienen sobre lo que es el poblador “tradicional”. Es así como ser “tradicional” se equipara a ejercer la caza exclusivamente como fuente de alimento. Sin embargo, debido a las nuevas condiciones en que están inmersos los pobladores locales (mercado laboral, educación formal, asentamientos sedentarios, intercambio comercial, dependencia de artículos externos, entre otras), la venta de carne de monte contribuye a suplir necesidades básicas dentro de este panorama. Esto, dentro de cierta normatividad, podría ser considerado cacería comercial y conllevar a que las acciones decretadas para el control de las demandas comerciales tiendan a afectar las demandas de subsistencia que tienen los pobladores locales. Es decir, las políticas no están acordes a las dinámicas sociales y culturales que, en su mayoría, responden a otras políticas gubernamentales.” (Campos-Rozo & Ulloa 2003a, p. 37).

Al analizar el ‘Motor 2. Disminución, pérdida o degradación de elementos de los ecosistemas nativos y agroecosistemas.’, del factor: Análisis y Gestión el Riesgo, en el Diagnóstico estratégico de la problemática asociada a la gestión de la biodiversidad, la PNGIBSE (MADS 2012), señala:

“Respecto al uso de la fauna, este es visto en general como un factor de pérdida de la biodiversidad, especialmente por ausencia de evaluaciones sobre el fenómeno. En tiempos recientes, se ha presentado un auge en el estudio de los procesos de caza de subsistencia por parte de diferentes grupos humanos rurales (Campos y Ulloa 2003),…”

Mientras que al respecto de la Capacidad de Gestión de las Instituciones Públicas, nos dice:

“En lo referente a la conservación de especies, esta no ha sido tan exitosa como la de áreas (ecosistemas), aunque se han presentado avances significativos a partir de la adopción de las políticas de manejo de fauna y flora silvestres.”

A la luz del diagnóstico de la PNGIBSE (MADS 2012) parecería, que el reconocimiento del auge alcanzado por los trabajos en el ámbito del manejo de fauna con comunidades en la década de los noventa, hubiera dado paso a un periodo de menor interés; contrario a los intereses y las expectativas de los involucrados y a las necesidades y oportunidades de las comunidades (Campos-Rozo & Ulloa 2003a). Como si el reconocer el avance del campo, hubiera llevado a disminuir el interés por apoyar su desarrollo.

Hacia finales del periodo 2003 – 2011, debemos destacar el aporte a la temática realizado desde la región del Chocó, por ejemplo por: Asprilla-Peréa & Hinestroza-Cordoba (2011) y Mosquera (2009) y aunque para este diagnóstico constituyen principalmente, un ejemplo desde la gestión de la fauna acuática, el producto del trabajo constante en la región de la amazonia, presentado por Bermudez-Romero et al. (2010) y Trujillo et al. (2008).

Una respuesta a 7.1. Manejo por Comunidades

  1. Pingback: Nuevas actualizaciones | Gestión de Fauna Silvestre (2013)

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