3.4. Instituciones e instrumentos sociales y culturales

El día de hoy, martes 23 de julio de 2013, concluimos la etapa de recolección de información de esta herramienta. La información publicada hasta la fecha es aproximadamente un tercio de la información recibida y la información recibida, es a su vez, una muestra de la información identificada en libros editados, informes institucionales, revistas científicas, trabajos de grado y tesis y medios de comunicación reconocidos. Durante el próximo mes estaremos subiendo la información recibida faltante y preparando la versión final del documento. Las secciones de comentarios permanecerán habilitadas.

PREGUNTAS

¿Cómo percibe la sociedad colombiana la Fauna Silvestre? ¿Cómo cambia esta percepción con la perspectiva de género, la edad (o la generación), la ascendencia étnica, la localidad y la región en que se vive o se crece, el nivel de ingresos, el nivel de escolarización, las creencias religiosas y la ocupación u oficio? ¿Qué efectos tienen sobre la Fauna Silvestre estas percepciones?

La percepción en este ámbito se refiere a los imaginarios, es decir, las ideas (normalmente complejas, dinámicas e históricas) compartidas más o menos de la misma manera, por las personas de una comunidad, en este caso sobre la fauna y sus relaciones con ella.

En la página 5. Estado actual del conocimiento, incluimos preguntas relacionadas con el conocimiento tradicional, el conocimiento popular y la educación; temas que junto a muchos otros hacen parte de la cultura. Consideramos deseable abrir y mantener estos dos espacios, que podrían parecer redundantes, para darle un lugar más amplio a las perspectivas, social y humana, por favor, realicen sus aportes y compartan sus opiniones al respecto.

¿Qué costumbres o tradiciones existen y/o existieron alrededor de la Fauna Silvestre en Colombia? ¿Cómo la han afectado?

¿Cómo se transmiten las costumbres y tradiciones sobre la Fauna Silvestre en Colombia? ¿Cómo se transforman? ¿Qué causa estas transformaciones? ¿Que efectos tienen estas transformaciones sobre la Fauna Silvestre?

¿Cómo valora la sociedad colombiana la Fauna Silvestre cuando no se emplean técnicas ni términos económicos?

¿Qué simbología está asociada a la Fauna Silvestre en la actualidad? ¿A qué especies? ¿Qué funciones o necesidades sociales satisface esta simbología? ¿Que efectos tiene esta simbología sobre las poblaciones de Fauna?

¿Cuáles son los beneficios sociales que se producen cuando las personas crecen y se forman en contacto con Fauna Silvestre? y ¿Cómo podemos medirlos y comunicarlos?

La gobernanza, se refiere al arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía (DRAE). Los esquemas de gobernanza, serían las propuestas, propias (en el sentido que sirven a un conjunto particular de personas), establecidas entre los habitantes de una región para gobernarse al respecto de la gestión de su territorio y sus recursos y lograr su provecho racional y equitativo. En esencia, estos esquemas son acuerdos sociales que sin embargo, pueden emplear herramientas técnicas (legales u otras) tan sofisticadas como sean disponibles a la comunidad.

¿Qué esquemas de gobernanza, con la participación de las comunidades, otros actores de la gestión de Fauna Silvestre e incluso de las instituciones oficiales, se han creado e implementado para la gestión de Fauna Silvestre en Colombia? ¿Qué especies se gestionan con estos esquemas? ¿En qué regiones? ¿Con qué comunidades? ¿Qué resultados han tendido?

Los programas y proyectos de apoyo, intercambio o ayuda internacional, pueden considerarse desde la perspectiva de las instituciones locales con las que se realizan: comunidades, organizaciones sociales, empresas o autoridades públicas y muchas veces se evalúan exclusivamente desde la perspectiva económica, considerando el monto de la ayuda o desde la perspectiva técnica de la transferencia de tecnología por la vinculación de capital humano, la realización de capacitaciones o directamente el traslado de maquinaria. Desde una perspectiva más amplia, estos programas y proyectos, son encuentros de culturas y son una gran oportunidad para el diálogo de saberes. ¿Qué hemos aprendido y qué hemos enseñado? ¿Qué hemos compartido?

¿Qué programas y proyectos de apoyo, intercambio o ayuda internacional entorno a la Fauna Silvestre se han realizado en el país? ¿Con qué culturas? ¿Con qué actores nacionales? ¿Con qué actores internacionales? ¿Con qué especies? ¿Con qué objetivos? ¿Qué resultados tenemos?

Comedidamente, les invitamos a conocer la metodología propuesta para realizar sus aportes a este proyecto.

EL PUNTO DE PARTIDA, el diagnóstico de 1997 (Min. Medio Ambiente)

Frente a la problemática causada por los factores mencionados [nota del editor: los riesgos y amenazas a la conservación], el manejo y la administración de la fauna silvestre ha enfrentado numerosas limitantes que obstaculizan la implementación de acciones encaminadas a garantizar su protección como componente irreemplazable en los ecosistemas, y su mantenimiento como fuente permanente de beneficios para la población humana.

Dichas limitantes han sido consecuencia, en gran medida, del bajo reconocimiento del valor que reviste la fauna silvestre, en términos ecológicos, económicos, sociales, científicos, culturales y éticos. Existe, por el contrario, una visión generalizada bajo la concepción de lo estético o, como en el caso de los recursos pesqueros, bajo un criterio exclusivamente económico, que desconoce la integralidad y potencialidad del recurso.” (p. 15).

RESPUESTAS

Para contribuir a la construcción de un panorama de las percepciones, acerca de la Fauna Silvestre en Colombia, a continuación, reproducimos apartes de la introducción de la obra ‘Rostros culturales de la Fauna’ (Ulloa 2002), la cual, de acuerdo con la editora “reúne trece artículos que dan una visión múltiple de las discusiones sobre las percepciones y simbolismo relacionados con la fauna, los intereses económicos, legales e ilegales que está sucita, los programas de protección y conservación, las políticas públicas que sobre ella se generan.”.

Hemos considerado pertinente, reproducir estos apartados aquí, pues gracias al lenguaje de la editora, permiten, brevemente y si el lector lo facilita disponiéndose a leer cada párrafo como si se tratara de una ventana a un universo diferente, un universo en parte similar al nuestro y un universo completo y por lo tanto complejo, recorrer una pequeñísima, pero muy diciente fracción de las relaciones que se han formado entre los habitantes de Colombia, todos los pueblos y dentro de ellos múltiples grupos humanos, con todos los miles de animales presentes en sus territorios.

Manteniendo nuestra filosofía, de buscar una visión incluyente de la situación de la fauna silvestre y su gestión en el país, hemos incluido los textos sobre los capítulos que tratan a los perros y a las mascotas, pues consideramos que aportan visiones pertinentes para la discusión sobre la domesticación de fauna silvestre y su tenencia.

Una segunda razón para incluir estos textos, en la extensión que lo hemos hecho, es la de relevarlos en la discusión política de la situación y la gestión de la Fauna Silvestre en el país; por esta razón, en cada cado hemos recordado de manera un poco incómoda el año de publicación de los documentos y hemos incluido independientemente la referencia completa en la bibliografía*.

“Tapí [2002] presenta la visión de los Embera sobre los animales peligrosos, con historias de los seres que viven en los territorios habitados por comunidades embera desde los tiempos ancestrales. Estas historias son recopilaciones de narraciones que contaron algunos ancianos de la comunidad embera  de Santa María de Condoto en el Chocó. En estas narraciones los animales peligrosos son entidades híbridas que articulan características de diversos animales con características humanas. Como humanos, tienen capacidad de acción y una vida social salpicada de sentimientos y emociones. A través de las historias también los embera nos cuentan las prácticas y usos que hacen de los animales, destacando el intercambio de cualidades: los humanos pueden adquirir velocidad, destreza, agilidad o inteligencia de animales con estas características, al frotar parte de sus residuos en el ombligo de los recién nacidos.”

“Guzmán [2002] traduce varios relatos que contextualizan y aproximan al lector a formas alternativas de interacción con el mundo, a formas de pensamiento acordes con la lógica indígena desana. Los protagonistas de estos relatos pueden ser plantas-humanos, rocas-humanos o animales-humanos que se transforman en personas o se relacionan con ellas a través de los olores y colores. Describe seres .que no siempre están definidos por su forma externa- que sienten, hablan y participan de los intercambios festivos y de los que los humanos aprenden ciertos comportamientos sociales.”

“El texto de Pinzón [2002] se interna de manera sutil y evocadora en la compleja constelación establecida por las relaciones de los chamanes inga con la naturaleza. En ella los animales y las plantas cumplen una función sagrada para el chamán, quien la recibe de manos de sus maestros chamanes y la integra a sus anillos de poder. Estos seres que les otorgan el saber a los humanos y especialmente al chamán; viven en él a través de dos anillos alrededor de su cintura. Así mismo, este autor describe cómo el chamán logra una intersección entre plantas, animales  y el deseo humano generando el movimiento del mundo.”

“Montoya [2002] analiza la relación del indígena con su entorno a partir de los relatos míticos y del uso de la pintura corporal en diversas culturas amazónicas. A través de ellos, desarrolla el concepto de transformación como la clave para entender los vínculos entre ser humano y entorno, y cuestiona el concepto de domesticación que usualmente se ha asignado a las dinámicas de la relación de los indígenas con la naturaleza. Finalmente, analiza el concepto de animalización como otra dimensión para entender el contacto entre el ser humano y el animal.”.

“Turbay [2002] realiza una historia de los cambios conceptuales que se han dado en el desarrollo de la disciplina, presentando la panorámica general de los estudios antropológicos sobre las relaciones entre el ser humano y los animales. Inicialmente considera algunos trabajos que enfatizan los aspectos simbólicos y cognitivos de las representaciones sobre la fauna, tal como se manifiestan en los mitos, las cosmologías y los sistemas de clasificación o las taxonomías de los grupos étnicos y campesinos. Igualmente reseña estudios que exploran el aspecto afectivo de la relación del individuo con el animal, analizando la cría de animales domésticos, los ritos de sacrificio de animales -corridas de toros y peleas de gallos- y las actitudes hacia los animales silvestres criados en cautiverio. Finalmente, discute el papel de la antropología frente a la crisis ambiental y el conocimiento que ésta puede aportar a la solución del problema.”.

“Baptiste [2002] identifica una falla epistemológica en las políticas de fauna, al analizar de manera crítica los discursos construidos desde las ciencias naturales como un ejercicio de poder político. Muestra cómo, a partir de este reconocimiento no siempre evidente para los investigadores, es necesario replantear la posición de los discursos productores de conocimiento, sobre los cuales a su vez se constituyen las instituciones de investigación y manejo de fauna. El propósito de este ensayo, en palabras del autor, “es incitar a la elaboración de un mapa de la discursividad subyacente a las formas de manejo actual de esa fauna, revisando su elaboración como objeto biológico pero también tecnológico y, sobre todo, textual”.”.

“Orrantia [2002] inicia su análisis a partir de una etnografía del concepto de animal, y de cómo por medio de éste se expresa y reproduce una realidad que nace del lenguaje, la significación y el discurso de algunos indígenas kogui que habitan la cuenca del río Buritaca en la Sierra Nevada de Santa Marta. El autor mira específicamente, la manera en que los animales son reapropiados por los individuos a partir de sus ideas y prácticas culturales, en una interiorización y canalización por medio de la capacidad de acción colectiva e individual. Tomando ideas de la antropología ambiental de corte posestructuralista, el uso de narrativas sobre los animales es entendido aquí como parte de una realidad (su) realidad que surge de la incorporación del orden social a un espacio que resulta de procesos históricos y sociales. Esto lleva a repensar el uso de las narraciones sobre los animales y a leer en ellas formas de dominación y resistencia como expresiones de relaciones de poder que se recrean en la zona.”.

“Cayón [2002] analiza el uso y simbolismo del cuy en Nariño. Este animal fue uno de los pocos animales domesticados en América, y desde tiempos prehispánicos ha jugado un papel importante en las cosmovisiones andinas, sobre todo por su uso alimenticio y medicinal. En la actualidad, su consumo es regulado y tiene connotaciones rituales que están relacionadas con el ciclo vital y ciertas festividades religiosas. Tomando como punto de partida el caso etnográfico de los indígenas pastos de Nariño, este texto pretende conectar las prácticas culturales asociadas a la crianza y consumo de cuyes con algunos elementos de festividades religiosas, sugiriendo una conexión entre el sacrificio de este animal con la fertilidad de la tierra que sólo es comprensible al evocar algunos principios cosmológicos comunes a las culturas andinas. Desde este punto de vista, el cuy es fundamental para la reproducción social de estas sociedades y su significado cosmológico permite entender algunos procesos importantes del sincretismo religioso.”.

“Salcedo [2002] presenta en su ensayo una dimensión nueva para analizar la relación entre los humanos que habitan las calles y los perros, resaltando los límites difusos que se construyen entre ellos. Los perros y los humanos establecen una relación de afecto que permite que los perros se comuniquen y expresen su sentir de la calle a su compañero humano -hombre o mujer-, creando una relación-transformación donde ambos se mezclan y comparten el recorrido por las calles. Así mismo, los perros se convierten en metáforas para expresar las relaciones e identidades en el espacio urbano.”.

“Tovar [2002] explora un tema poco estudiado en las diferentes relaciones entre humanos y animales: los sentimientos y las emociones que generan las relaciones con las mascotas. Respondiendo a las preguntas de por qué la idea de comer animales cercanos nos produce repulsión, cuáles son las jerarquías entre humanos y animales, y cómo nos afecta la muerte de los animales, nos lleva por diversos casos a través de la historia donde las mascotas han tenido un lugar privilegiado. Así mismo, describe el sinnúmero de afectos que se desarrollan al tener una mascota, donde la compañía termina siendo casi el objetivo final para superar el estado de soledad producido por el mundo moderno.”.

“Falchetti y Nates [2002], integrando la antropología y la biología, nos presentan el simbolismo de las abejas sin aguijón en el mundo de los uwa, de la Sierra Nevada del Cocuy. Numerosas comunidades indígenas han aprovechado la cera y la miel de las abejas sin aguijón desde tiempos atrás, dándoles también un lugar importante en su mitología. Este es el caso de los uwa, cuyos mitos cantados, celebrados tradicionalmente en las cuatro estaciones del año, rigen múltiples actividades encaminadas a asegurar el equilibrio y la continuidad de la vida del universo, la naturaleza y la sociedad. En este contexto, las abejas sin aguijón, las hijas del sol, se constituyen en el centro de las ceremonias celebradas en el verano, por simbolizar la fertilidad y los comienzos y la continuidad de la vida.”.

“Campos [2002] presenta cómo la cacería de subsistencia practicada por grupos indígenas en la amazonia ha recibido mucha atención por parte de biólogos, principalmente, quienes recientemente han incorporado la evaluación de la sostenibilidad de esta actividad como el principal enfoque para estudiarla, pero apuntando a metas biológica a través de varios índices y modelos que buscan evaluar cosechas sostenibles relacionadas con las poblaciones animales. Los aspectos socioculturales se han integrado, pero bajo parámetros biológicos, dejando de lado la complejidad que implica la cacería dado que involucra una serie de referentes culturales que trasciende lo biológico. Los aportes desde la antropología, aunque incipientes, comienzan a ser valorados en la discusión. Por lo tanto, este artículo presenta la necesidad de reconsiderar la forma en que la sostenibilidad se ha tratado en la cacería; propone la incorporación de elementos holísticos y éticos, y considera la cacería en la interrelación de las condiciones sociales, culturales, económicas, institucionales y biológicas de cada área.”.

“Baptiste, Hernández, Polanco y Quiceno [2002] se internan en la historia económica y social colombiana para precisar las transformaciones que ha sufrido el uso de la fauna silvestre en la cultura material y simbólica, hasta llegar al uso actual que se le da a escala regional. Se destacan las fuentes de valoración económica y no económica de la fauna, que dan pie a la presentación y discusión de su tráfico ilegal. Así mismo, se destacan los procesos que han llevado a la subvaloración de la fauna silvestre como las políticas homogenizantes de conservación, salud pública o desarrollo económico. Estas situaciones han conllevado a privilegiar el uso de ciertas especies -vacas, cabras, cerdos o gallinas- a costa de la fauna local, dando como resultado que en un falta de valoración o en una conservación contemplativa se dé la desaparición de la fauna silvestre.”.

*Nota para el editor: falta incluir estas referencias en la bibliografía

8 respuestas a 3.4. Instituciones e instrumentos sociales y culturales

  1. Pingback: Nuevas actualizaciones | Gestión de Fauna Silvestre (2013)

  2. Mauricio Vargas-Clavijo dijo:

    Es importante que se adelanten estudios sobre sicología ambiental para identificar percepciones, actitudes y comportamiento anti y/o promabientales hacia la fauna. Se citan algunas investigaciones realizadas en la última década con la población infantil de Brasil y México. En Colombia, los estudios son muy reducidos:

    a) Almeida, D.F. (2010). Maus-tratos contra animais? viro o bicho!”: antropocentrismo, ecocentrismo e educação ambiental em serra do navio (Amapá); b) Morais, A.R., Marineli, P.F., y Paranhos R.D. (2010). Percepções sobre a fauna de vertebrados em estudantes do ensino fundamental: estudo de caso; c) Schwarz, M.L., André, P. y Sevegnani, L. (2009). Expressões da biodiversidade: preferências e valores de crianças e adolescentes urbanos da região de Joinville – SC Baptista, G. C. S., Valverde, M. C. C. y Costa-Neto, E. M. (2008). Diálogo entre concepções prévias dos estudantes e conhecimento científico escolar: relações sobre os Amphisbaenia;d) Razera, J. C. C., L. Boccardo y Pereira, J. P. R. (2006). Percepção sobre a fauna em estudantes Indígenas em uma Tribo Tupinambá no Brasil: um caso de etnozoologia; e) Rodríguez, B.G., Costa Neto, EM y Baptista G.C. (2007). Percepción y conocimiento de los insectos: un estudio de caso con los niños de educación primaria en dos zonas urbanas de Iztapalapa, Distrito Federal, México; f) Navarijo, M.L. (2002). Una aproximación al conocimiento de la fauna de acuerdo con las percepciones de los niños matlatzincas de San Francisco Oxtotilpan; México; g) Navarijo, M.L. y Salinas, M.A. (2001). Las enfermedades de los animales de acuerdo con los niños Matlatzincas; h) Páramo, P., Arias, J., Melo, M.C., Pradilla, H. y Pabón, C. (1999). Nuestros vínculos con los animales; i) Páramo, P. y Galvis, C.J. (2010). Conceptualización acerca de los animales en niños de la sociedad mayoritaria y de la comunidad indígena Uitoto en Colombia; j) Galvis, C. y Tovar, H. (2007). Conceptualización de los niños indígenas Uitoto acerca de los animales.

  3. Mauricio Vargas-Clavijo dijo:

    Trabajos sobre la relaciones culturales de los colombianos con la fauna datan de tiempos de la conquista en la que los naturalistas describían cómo los indígenas se relacionaban con los animales. Sin embargo, se citan algunos trabajos importantes en el campo del folclor, la etnología, antropología, linguistica y etnozoología, llevados a cabo durante la primera mitad del siglo XX: a) Tulcán, I (1934). Apuntes para el folklore ornitológico de los Indios de Mocoa (Putumayo); b) Lunardi, F. (1935). La lechuza blanca en los monumentos de San Agustín; c) Lunardi, F. (1936). Fauna monumental prehistórica del macizo colombiano; d) Tulcán, I (1937). Datos etnozoológicos sobre el águila churuquera y otras de la región amazónica; e) Castellví, M. (1938). Nombres indígenas de los gavilanes en materiales para estudios glofológicos; f) Enríquez, G. y Castellví, M.. (1941). El cancionero del P. Lucas de Batet y la etnoornitología, las aves rapaces en la Sicodemología huilense-caqueteña; g) Castellví, M., Batet, L.; Henríquez., G. y Méndez Buendía, J.R. (1945) El cancionero del P. Lucas de Batet y la etnoornitología; Pérez Arbeláez E. (1952). El campesino del Magadalena. Vol 1. la Caza.

  4. Mauricio Vargas-Clavijo dijo:

    Las investigaciones sobre las relaciones culturales con los animales en el contexto colombiano han conseguido encajarse en espacios académicos, especialmente de las ciencias naturales, y eventualmente de las ciencias sociales. En congresos y simposios sobre zoología, entomología y manejo de fauna silvestre, la etnozoología ha venido ganando terreno, pues no ha sido nada fácil permear el pensamiento positivista y estructuralista que la caracteriza. En el primer Congreso de Manejo de Fauna en la Amazonía y Latinoamérica en Belem do Pará, Brasil, en el año 1992, se presentaron los resultados de trabajos relacionados con el uso, valoración y gestión de fauna por las comunidades locales de Colombia. Así mismo, durante el Congreso Colombiano de Zoología llevado a cabo en Medellín en noviembre de 2010, se llevaron a cabo los simposios de “Etnozoología, un enfoque multidimensional” y “Educación ambiental y etnoornitología”.

    Otros espacios académicos en los que se abordaron temas relacionados con la etnozoología fueron el primer Congreso Colombiano de Etnobiología celebrado en Cali, Valle del Cauca, en noviembre de 1995, en el que Anne Legast presentó sus estudios sobre la representación animal en la cerámica prehispánica; la ponencia central del séptimo Congreso de Farmacología (Cali, agosto de 2001), fue acerca de Etnoentomología Médica a cargo de Eraldo Medeiros Costa Neto, de la Universidad Estatal de Feira de Santana (Bahia, Brasil), quien junto con el etnobiólogo de la Universidad del Valle, Germán Escobar Berón, desarrollaron un curso-taller de Etnoentomología en la misma época en la Universidad del Valle; el entomólogo y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, José Iván Zuluaga Cardona, organizó el Simposio de Etnoentomología en el 36º Congreso de la Sociedad Colombiana de Entomología (julio de 2009 en Medellín), se del cual participó nuevamente el etnozoológo brasilero Eraldo Medeiros Costa Neto. Trabajos dispersos en los congreso de entomología organizados por la Sociedad Colombiana de Etnomología (SOCOLEN) dan cuenta de una serie de investigaciones sobre entomología médica, meliponicultura, apicultura, entomofagia, manejo tradicional de plagas, entre otros temas que también son de interés del campo de etnozoológico. Hasta la fecha, seis ediciones se han adelantado del Encuentro Colombiano sobre Abejas Silvestres, organizado por el Laboratorio de Investigaciones en Abejas de la Universidad Nacional de Colombia, en los que se han expuesto destacados trabajos sobre meliponicultura, manejo de abejas para polinización y conocimientos tradicionales y locales sobre las abejas.

  5. Mauricio Vargas-Clavijo dijo:

    En el campo de las publicaciones, se destacan, entre otras obras: La fauna religiosa en el Alto Magdalena: reseña estética y significados religiosos Cabrera (1975); La fauna en la orfebrería Sinú Legast (1980); Evidencias culturales y megafauna plelstocénica en Colombia Correal (1981); El animal en el mundo mítico Tairona Legast (1987); Fauna precolombina de Nariño Rodríguez (1992); Fauna en el material precolombino Calima Legast (1993); La fauna Muisca y sus símbolos Legast (1998); Manejo de fauna con comunidades rurales Campos et al. (1996a); Trua wandra. Estrategias para el manejo de fauna con comunidades embera en el Parque Nacional Natural Utría, Chocó, Colombia Campos et al. (1996b); Nuestros vínculos con los animales Páramo et al. (1999); Fauna de la depresión momposina Turbay et al. (2000); Rostros culturales de la fauna: las relaciones entre los humanos y los animales en el contexto colombiano Ulloa (2002); Fauna Socializada: tendencias en el manejo participativo de la fauna en América Latina Campos y Ulloa (2003); Antropofauna chocoana: un estudio cultural de la animalidad Mosquera (2009); y El ser anfibio: imaginarios acuáticos en el Sinú. Análisis de la fauna mitológica en la tradición oral y la orfebrería Sinú Garcés (2010).

  6. Mauricio Vargas-Clavijo dijo:

    El concepto de patrimonio zoocultural nace como consecuencia del desarrollo de programas en todo el mundo enfocados en la identificación y conservación del patrimonio biocultural; un tipo de patrimonialidad que expresa la inseparable conexión entre las culturas y la biodiversidad entre las tradiciones de los pueblos y sus relaciones con el mundo natural (Harmon y Maffi 2004,Maffi 2005, 2006; Toledo y Barrera 2008). El patrimonio biocultural y su diversidad implican todas aquellas expresiones de las simbiosis cultura-vida manifestadas en la materialidad, la intangibilidad, los valores, los conocimientos, las innovaciones y las leyes que se recrean de la interacción entre los humanos y las expresiones del mundo biológico en todos sus niveles (genes, especies y ecosistemas). Esta herencia biocultural es producto de una retroalimentación que se hace en la actualidad de las tradiciones ancestrales, consecuencia de esa cotidiana manera de incluir las otras manifestaciones biológicas en la vida de las sociedades a lo largo de la historia.

    El patrimonio zoocultural lo conforman las expresiones culturales materiales o tangibles e inmateriales o intangibles asociadas a los animales. Las manifestaciones zooculturales materiales están caracterizadas por ser perceptibles tridimensionalmente, tienen un cuerpo físico el cual se pueden tocar, oler, observar, degustar. Son aquellos bienes artísticos, visuales y gráficos, sitios de interés histórico y cultural, artefactos, alimentos, artesanías y medicinas, que son derivados o inspirados en animales. Entre tanto, el patrimonio zoocultural inmaterial tiene la propiedad de no ser palpable, es intangible, invisible y a veces abstracto. Es el efecto del pensamiento mismo de las culturas hecho lengua, tradición oral, forma de organización social, arte de espectáculo, ritual, acto festivo, conocimiento y uso relacionado con la naturaleza y el universo, y tradición artesanal. El uno depende del otro por lo que una manifestación zoocultural siempre tendrá de ambos tipos patrimoniales.

    Desde hace ya casi cinco años, tiempo en el que se dio a conocer por primera vez su abordaje en el XI Congreso Internacional de Etnobiología celebrado en Cuzco, Perú (Vargas-Clavijo 2008), estudios sobre patrimonio zoocultural se han adelantado en países latinoamericanos. En Costa Rica, Argentina, México, Venezuela y Chile han empleado este enfoque en investigaciones sobre conservación biológica y la etnozoología. Carbonell y Torrealba (2007), citando el caso de Costa Rica-Panamá, destacaron la importancia de reconocer el patrimonio zoocultural en especies de vertebrados terrestres con el fin de aportar a la conservación de ecotonos interculturales y transfronterizos. Lameda y Del Moral (2008) exaltaron los relatos literarios alusivos al Ucumar/Oso Andino (Tremarctos ornatus) como parte del patrimonio zoocultural inmaterial de los pueblos del noroeste argentino. Ruiz-Piña (2009), en su tesis de pregrado acerca de la avifauna en la canción llanera, expresó la necesidad de identificar y documentar expresiones culturales musicales asociadas al grupo de las aves dada su trascendencia en el patrimonio zoocultural intangible. Beauregard et al. (2010), tomaron en cuenta las categorías de clasificación del patrimonio zoocultural para destacar expresiones de la cultura Tabasco (México) en torno a las especies de tortugas de agua dulce (Reptilia: Chelonia), e Ibarra et al. (2012), promovieron el concepto de patrimonio zoocultural en las estrategias de conservación del cóndor andino (Vultur gryphus).

    Se cita alguna bibliografía relacionada con el tema de patrimonio zoocultural:
    a) Vargas-Clavijo, M. (2008). Apropiación de la fauna colombiana como patrimonio zoocultural; b) Vargas-Clavijo, M. (2008). Patrimonio cultural inmaterial: otra forma de observar la fauna silvestre en Colombia. c) Vargas-Clavijo, M. (2008).Aves en las coplas de Colombia; d) Vargas-Clavijo, M. (2008). Patrimonio zoocultural: definición, abordaje e importancia; e) Vargas-Clavijo, M. (2009). Patrimonio zoocultural: el mundo animal desde las expresiones tradicionales de los pueblos; f) Vargas-Clavijo, M. (2010). Animales para la gente: un planteamiento de sostenibilidad biocultural basado en la artesanía; g) Vargas-Clavijo, M. (2012). Patrimonio Zoocultural: herencia natural, material e intangible; h) Vargas-Clavijo. (2013). Patrimonio entomológico cultural: protegiendo culturas, conservando insectos; i) Vargas-Clavijo. (2013). Los insectos en el patrimonio zoocultural de los pueblos; j) Vargas- Clavijo. (en publicación). La conservación zoocultural aplicada a los insectos: ¿qué tienen que ver el patrimonio, la sicología ambiental y la educación?

  7. Mauricio Vargas Clavijo dijo:

    al cambiar el referencial afectivo-emocional, la manera como los animales son concebidos, valorizados y tratados por las personas podría llegar a transformarse, generando una convivencia menos conflictiva entre ambos. Algunos autores sugieren algunas actividades para conseguirlo:

    a) Viajes a zonas campestres, en los que se pueda observar la fauna silvestre o doméstica que vive en granjas (KELLERTH & WESTERVELT, 1984; KOEBEL, 1993; DREWS, 2000, 2002; PROKOP & KUBIATKO, 2008).

    b) Visitas a zoológicos, acuarios, museos y exhibiciones animales (PROKOP & KUBIATKO, 2008).

    c) El diálogo constante y la lectura dirigida sobre temas ambientales podrían fortalecer el respeto por las especies silvestres (DREWS, 2000, 2002; BARRAZA & CEJA ADAME, 2004). Dibujos y caricaturas presentes en materiales como cuentos, periódicos y tiras cómicas, en los que se personifica a los animales, pueden brindar información sobre la ecología y hábitat naturales de los animales reales. Los magazines sobre naturaleza también son una buena alternativa (MARTÍN-LÓPEZ et al., 2007).

    d) Observar, analizar y realizar críticas constructivas de los programas ambientales emitidos por televisión o radio. El contenido de los mensajes y la forma como se presenta al público cumplen un papel primordial en la construcción de un conocimiento fiel y real de la fauna silvestre. Un mensaje mal transmitido puede crear confusión y una mala interpretación de las intenciones que tenga un proyecto (TARRANT et al., 1997).

    e) Participar en proyectos ambientales dirigidos a la protección de especies amenazadas (DREWS, 2000; PROKOP & KUBIATKO, 2008).

    Tomado de: Vargas-Clavijo M. y Costa Neto, E.M. 2010. Actitudes hacia la fauna: algunas explicaciones de la conducta humana hacia los animales. 95-120 pp. En: Alves, R.R., Souto, W.M. Y Mourão, J. A etnozoologia no Brasil: importancia, status atual e perspectivas. NUPEEA. Vol 4. Série Estudos e avanços. Recife. Brasil.

  8. Mauricio Vargas Clavijo dijo:

    ACTITUDES HACIA LOS ANIMALES DESDE LA TEMPRANA EDAD

    Si bien se reconoce que todos los humanos comienzan a interactuar con el ambiente desde el momento en que está el embrión dentro del útero de la madre, al parecer, todavía no se sabe cómo y dónde se inicia la interrelación y conceptualización sobre los animales (Páramo y Mejía 2004). A pesar de este desconocimiento, y la carencia de elementos empíricos y probatorios, experiencias individuales tempranas podrían explicar las actitudes de las personas hacia la fauna (Baker et al. 2005).

    De acuerdo con la perspectiva antropocéntrica, la especie humana expresa mayor simpatía hacia otras criaturas vivas en proporción a su grado de similitud y afinidad que tenga con éstas (Vargas-Clavijo y Costa Neto 2010, Martín-López et al. 2007). Por un lado, este razonamiento explica el por qué los animales y no las plantas, son vistos con mayor fascinación por los seres humanos; permite explicar la razón por la cual algunas especies animales pueden generar estados psicológicos más favorables, mientras que otras, pueden ser motivo de miedo, desprecio, ansiedad o incomodidad fisiológica (Martín-López et al. 2007).

    Las actitudes hacia el ambiente comienzan a desarrollarse en los primeros años de edad. Se considera que durante al tiempo que el niño crece física e intelectualmente, se van estableciendo nuevas formas de relacionarse con el entorno. La capacidad cognitiva, sus habilidades de pensamiento y sus apreciaciones valorativas, afectivas y morales van evolucionando de manera paulatina (Chawla 2009). Esto implica que las conductas que se manifiestan hacia los animales estén estrechamente relacionadas con su desarrollo biológico y con las interacciones que tiene con el ambiente. Si un niño aprende un comportamiento violento hacia un animal, probablemente éste mismo individuo desencadenará una conducta agresiva hacia la fauna en un futuro.

    Por otro lado, las constantes afirmaciones y juicios realizados en el entorno familiar, escolar, televisivo y social, ejercen una fuerte presión sobre la mentalidad del infante, permitiéndose un modelaje de su construcción acerca de la fauna y de las conductas que puede demostrar en presencia de las especies. Pozzoli (2003) apunta que durante las primeras etapas de la vida, los sueños con animales son recurrentes. Menciona que los infantes entre los tres y siete años sueñan con imágenes de animales de granja como la vaca, el pato, los cerdos o los caballos. Ya en la adolescencia, como afirma Corral-Verdugo (2001), una persona genera sus propios juicios en relación con los temas biológicos y ambientales.

    Sobre los factores que determinan los comportamientos proambientales en las personas, los argumentos son cada vez más complejos. Por ejemplo, Chawla (2009) afirma que éstos tienen que ver con el conocimiento sobre los problemas u otros asuntos ambientales, el conocimiento que el individuo tenga de las estrategias y habilidades para la acción, la percepción colectiva comprendida como una norma social para la actuación frente al ambiente y el sentido de eficacia para hacer lo que se necesita resolver realmente. Así, las actitudes hacia el ambiente y sus componentes, en este caso hacia los animales, aparecen asociadas entre otras variables, a cuestiones de tipo ideológico, económico, social y cultural que implican la aceptación y cumplimiento de normas (Vargas-Clavijo y Costa Neto 2010, Chawla 2009). En tal sentido, los comportamientos tanto positivos como negativos de una sociedad hacia la fauna se fundamentan sobre la base de los usos y valoraciones que se le otorgan, y sobre el conocimiento previamente construido acerca de determinada especie (Drews 2000). Tal uso y valoración de los animales se desarrolla de manera colectiva, pero de todos modos, dichas actitudes también están motivadas por diversas y variadas experiencias y decisiones individuales (Holahan 2005). No obstante e indudablemente, las actitudes proambientales pueden entenderse como medidas que incrementan el bienestar colectivo y los patrones de vida personal (Hernández e Hidalgo, 2010).

    Dadas las actuales circunstancias del acelerado y dinámico deterioro ambiental, especialmente los sicólogos y sociólogos ambientales se han ocupado en determinar las causas y alcances que tiene el estudio del comportamiento humano frente a los ecosistemas. En ciertos estudios se explica cómo el cambio en la conducta de las personas podría ayudar a detener el deterioro del ambiente (ver p.ej. Corral-Verdugo 2001, Czech et al. 2001, Holalan 2005, Zimmermann 2001, 2005). Particularmente, las actitudes de una comunidad hacia sus recursos ambientales se miden y analizan en calidad del género, edad, organización social, costumbres, entre otros contextos (Holalan 2005).

    Siguiendo a Zimmermann (2001, 2005) y Granada (2002), una actitud puede ser definida como la tendencia a pensar, sentir y actuar sobre los elementos del ambiente con los que se interactúa. Es considerada como un proceso sico-socio-ambientales con propósitos adaptativos, en los que actúan los componentes cognitivo, afectivo y evaluativo del ser humano. Se hace alusión a una actitud ambiental, al conjunto de acciones que emprende una persona cuando se enfrenta a su entorno inmediato (Corral-Verdugo 2001; Holahan 2005; Amérigo 2006) y de actitud pro-ambiental o comportamiento ecológicamente responsable, a las acciones que realiza el humano de manera individual o colectiva favoreciendo el equilibrio de la naturaleza y dirigidas a obtener una mejor calidad del ambiente (Castro 2002). En oposición, una actitud anti-ambiental, vendría siendo todo tipo de acciones que se emprenden para destruir el ambiente.

    Tomado de: Vargas-Clavijo M. y Costa Neto, E.M. 2010. Actitudes hacia la fauna: algunas explicaciones de la conducta humana hacia los animales. 95-120 pp. En: Alves, R.R., Souto, W.M. Y Mourão, J. A etnozoologia no Brasil: importancia, status atual e perspectivas. NUPEEA. Vol 4. Série Estudos e avanços. Recife. Brasil.
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