8.2. Sobreexplotación

El día de hoy, martes 23 de julio de 2013, concluimos la etapa de recolección de información de esta herramienta. La información publicada hasta la fecha es aproximadamente un tercio de la información recibida y la información recibida, es a su vez, una muestra de la información identificada en libros editados, informes institucionales, revistas científicas, trabajos de grado y tesis y medios de comunicación reconocidos. Durante el próximo mes estaremos subiendo la información recibida faltante y preparando la versión final del documento. Las secciones de comentarios permanecerán habilitadas.

PREGUNTAS

¿Cuáles son las especies de Fauna Silvestre sobreexplotadas? ¿En qué regiones?

¿Qué actividades causan la sobreexplotación de la especie (que fines persiguen dichas actividades)?

Ejemplo: la persecución de los ejemplares vivos, muertos o de sus partes para: alimento, medicina, combustible, materiales, actividades culturales, actividades científicas o entretenimiento.

¿Desde cuándo ocurre el aprovechamiento de la especie (población)? ¿Desde cuándo inició la sobreexplotación?

¿Con qué condiciones socio/económicas se asocia la sobreexplotación de la especie (cuáles son las causas de la sobreexplotación)? 

Por ejemplo: cambio en las condiciones de vida (mejoramiento o desmejoramiento), la expansión de mercados, el incremento de la demanda, cambio en las preferencias del mercado, mejoría del acceso a las poblaciones, mejoramiento de las técnicas de captura y mejoría de la tecnología de las cadenas productivas asociadas (transporte, almacenamiento, manufatura, etc).

Comedidamente, les invitamos a conocer la metodología propuesta para realizar sus aportes a este proyecto.

EL PUNTO DE PARTIDA, el diagnóstico de 1997 (Min. Medio Ambiente)

“Así mismo, numerosas poblaciones silvestres han permanecido en niveles críticos luego de la indiscriminada extracción comercial de finales del siglo pasado y mediados del presente. Actualmente, la demanda de individuos, pieles o productos de especies de fauna silvestre en el mercado ilegal internacional, que mueve una cifra aproximada a los 6.300 millones de dólares anuales (Maestre 1992), sigue siendo la causa de una severa presión de caza sobre varias especies, pudiendo llevarlas en algunos casos al borde de la extinción.” (p. 14).

RESPUESTAS

La historia de sobreexplotación de la Fauna Silvestre y en general, de los recursos naturales en Colombia, inicia desde su ocupación misma, produciendose con diferentes variantes por parte de todos los grupos humanos que se han asentado en el territorio o con su participación, lo que nos obliga a preguntarnos, si la filosofía del uso y la conservación de los recursos naturales, podría ajustarse, exclusivamente desde una perspectiva cultural.

Los ejemplos que presentamos a continuación han sido tomados de Ramírez-Perilla (1996) y dada la dispersión de la información sobre el tema en Colombia, se presenta una visión fragmentada, que en algunos casos, corresponde únicamente a la identificación del uso de una especie y de algunas circunstancias o cifras relacionadas, sin llegar a demostrar, pero implicando, la ocurrencia de sobreexplotación. Por esta misma razón, se han incluido algunos casos que involucran animales marinos y pesca, aunque estos no serán objeto del presente proyecto, ya que puestos en el marco de referencia del uso de los recursos naturales, en particular, de la obtención de proteina animal y la sobreexplotación, estos casos contribuyen a entender la situación y a proponer soluciones integrales.

El primer ejemplo proviene de Tibitó, durante el Pleistoceno tardío (Correal 1989, citado por Ramirez-Perilla 1996), en donde, se demostró la coexistencia del hombre con el mastodonte (Cuvieronius hyodon y Haplomastodon) y con el caballo americano (Equus amerhippus), que fueron objeto de cacería y que se extinguieron, aunque en este caso, se reconozca que también pudieron presentarse efectos sinérgicos con las condiciones cambiantes del clima.

Durante la colonia, la apertura a la demanda del mercado europeo, incrementó la extracción de algunos recursos, que apoyándose en las estructuras comerciales y tecnologías preexistentes en el territorio, llegó a incluir seres humanos, tanto indígenas como africanos.

“Las relaciones de comercio intertribales se hacían con una moneda, la quiripa, que circulaba como medio de canje, pago y patrón de valor. La quiripa se hacía con conchas de caracoles de agua dulce; circuló en los llanos y se movió hasta los Andes Colombo-Venezolanos y la Guayana. En Casanare, una sarta de quiripa valía dos reales de plata; en la Guayana cuatro y en Trinidad ocho. Los Guahibos recibieron quiripa a cambio de esclavos achaguas (Friedmann N.S. y Arocha J, 1985). En el siglo XVI, los Medici y los Funger, en Europa, instalaron pajareras lujosas para papagayos vivos; las señoras se adornaban con sus plumas y en los menús renacentistas aparecían lenguas y cabezas de papagayo como manjares exquisitos (Wendt H., 1982). Desde Orocué, centro de comercio exterior intermediario entre el altiplano cundiboyacense y Europa, en la ruta del Orinoco, se exportaron pieles de indios guaques, altamente apreciadas en Europa para construir pantallas de lámparas (Romero M. M., 1984).” (Ramírez-Perilla 1996).

La explotación de los recursos naturales continuo durante la revolución comunera y la independencia, hasta convertirse en las bonanzas extractivistas de mediados del siglo XX.

“En todas las sabanas del actual departamento del Arauca se llevó a cabo la exportación intensiva de plumas de garza o aigrettes desde 1890 hasta 1914; fue tal la demanda que en esa época comenzaron a aparecer algunas reglamentaciones para la recolección de plumas de garza y concesiones a garceros a través de permisos subastados y otorgados al mejor postor. Por esta época se inició la comercialización de pieles de jaguares y tigrillos (Felis sp.) y la demanda de pieles de cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius) y todo género de animales vivos (primates, para investigación biomédica; loros, pericos y guacamayas) se incrementó en la década de 1940. Para 1960, las poblaciones naturales de cocodrilo llanero fueron diezmadas. Medem (1981) calculó que, como mínimo absoluto, el número de individuos sacrificados durante este tiempo fue de 250.000.” (Ramírez-Perilla 1996).

“Codazzi reportó que la carne de chigüiro (Hydrochaeris hydrochaeris) era utilizada como fuente de alimento desde los tiempos de la Colonia en Venezuela. La exportación de chigüiro desde Colombia hacia Venezuela fue, entre los años de 1960 y 1963, de 1’349.312 kg de carne salada y en 1977 de más de 2’000.000 de kg (Inderena, 1990a). Entre 1969 y 1971 se exportaron 85.507 individuos y entre 1988 y 1989, 33.647 autorizados legalmente (Inderena, 1990b).” (Ramírez-Perilla 1996)

En este caso del chigüiro, al mirar exclusivamente los datos históricos, no es claro, si se trata de un proceso de sobreexplotación o simplemente de la identificación de un recurso muy abundante. Sin embargo, al compararlo con determinaciones recientes, como la orden del Tribunal Administrativo del Casanare y el Consejo de Estado, dada al Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (hoy Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible) y a Corporinoquia en 2001, de implementar las medidas necesarias para reponer 10.000 individuos de la población de chigüiros de la orinoquia extraídos en forma ilegal, y a sabiendas que el proceso de 6 años (2001 – 2007) realizado con este fin, no ha podido ser completamente efectivo (López-Arévalo, en: Matallana et al. 2012). Es claro, que los niveles de explotación históricos excedieron notablemente las posibilidades de explotación racional del recurso, tanto desde el punto de vista biológico, como desde el punto de vista comercial.

Al iniciar el periodo moderno en Colombia, lo que más sorprende es la ausencia de información de calidad apropiada y la incapacidad endémica para mejorar esta situación, además de la continuidad de las cifras excesivas de explotación de recursos no manejados.

“Prácticamente entre 1972 y 1991 no existen reportes oficiales sobre la comercialización de fauna silvestre en Colombia, debido a que legalmente estaba prohibida. La exportación de fauna ascendió a más de un millón de individuos en los años de 1970 (mamíferos, 89.793; aves, 436.359; reptiles, 926.924; anfibios, 66.818) y cerca de medio millón en 1971 (DANE, 1970-1971). En cuanto a peces, prácticamente la restricción nunca existió; en 1981 fueron exportados 7 millones de individuos (WWF, 1982).” (Ramírez-Perilla 1996).

En el marco del Proyecto multinacional del medio ambiente para el desarrollo sostenible del Caribe colombiano patrocinado por la OEA- Colciencias a través del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia, el profesor Ramírez-Perilla (1994), realizó una aproximación al análisis cuantitativo de la oferta de proteina animal en San Andrés y Providencia y de la demanda del recurso, por parte de la población humana asentada permanentemente en el archipielago, así como la población flotante de turistas. Consideramos que el análisis es especialmente interesante, pues al tratarse de un archipielago marino, se facilíta la identificación de los límites del proceso extractivo.

En síntesis, si se confronta una oferta de 886,3 ton/año, considerando un potencial total de captura mediante procedimientos artesanales en el Archipiélago de 170 ton/año, con la demanda real de proteína animal para consumo humano del Archipiélago de San Andrés y Providencia de 8.448 ton/año, incluso, sin considerar la extracción adicional, de las aguas más profundas, mediante pesca semindustrial, debida a embarcaciones de banderas extranjeras, de 20.000 toneladas al año (FAO, Inderena, Giuducelli, 1979, citado por Ramírez-Perilla 1996 [en la bibiografía del original y aquí, aparece como Giuducelli 1979]). Es evidente, la desconexión entre lo que produce el territorio, lo que se puede extraer de él sosteniblemente y la presión que se impone sobre el mismo, es decir la insostenibilidad del proceso; situación que se subsana mediante el incremento de la dependencia externa, trasladando el problema a otro lugar, en lugar de darle una solución definitiva.

Otro aporte presentado por el autor (Ramírez-Perilla 1996), es señalar, algunos indicadores relacionados con la superación de los límites de la capacidad del sistema, verificados en el caso de San Andrés y Providencia:

l. El incremento del esfuerzo por unidad de captura (INDERENA s.f. [esta fuente no se encuentra incluida en la bibliografía del original], Myers 1987, citados en: Ramírez-Perilla 1996).

2. El incremento del aprovechamiento de especies menos apetecidas, ante la escasez de las predilectas (Márquez G., 1992, citado por: Ramírez-Perilla 1996).

3. El incremento de la mortalidad debida a la extracción del medio con respecto a la mortalidad natural (Arango & Márquez 1993, citado por: Ramírez-Perilla 1996).

“En todo el Caribe colombiano la demanda del turismo ha tenido un efecto directo sobre el agotamiento de los recursos faunísticos; así, fue excesiva la extracción, como souvenirs, de caracoles de pala (Strombus sp.) y bibalvos de toda clase en las décadas de 1960 a 1980, y es frecuente encontrar en las grandes ciudades costeras oferta de alimentos basados en animales de caza corno iguanas (Iguana iguana) de la que se ofrecen carne y huevos; la sopa de tortuga icotea (Icotea sp) y de carey (Eretmochelys sp) o el aceite y aletas de tiburón (Squalus sp) a las que se atribuyen propiedades medicinales y afrodisíacas (Ramírez-Perilla & Rodríguez 1992). En la isla de Providencia (Caribe colombiano), en los picos de máxima demanda un recolector puede capturar hasta 4000 cangrejos en un solo día, destinados al consumo en la isla y para su mercadeo en San Andrés e incluso en el interior del país. De especial significancia por encontrarse en peligro de extinción es el coral negro (Antipathers sp), cuyo esqueleto tiene para el hombre un altísimo valor utilitario de colección ya que es muy apreciado en joyería como material semiprecioso (von Prahl, 1989).” (Ramírez-Perilla 1996).

“Para Colombia, por motivos de la cacería deportiva, se consideraron extintas en el año de 1911 tres especies de aves: Grallaria milleri, Atlapetes flaviceps y Sporophila insulata. La desaparición del patito zambullidor “Cira”, Podiceps andinus, de las lagunas del altiplano cundiboyacense, se confirmó en 1981. Igual suerte corrió el pez graso, Rhizosomichthys totae, endémico de la laguna de Tota; el pato “pico de oro”, endémico de la Sabanas de Bogotá, Ubaté y Tundama, fue la especie residente más grande de las zonas alto andinas: en 1946 ya era considerado como raro y en 1951 se extinguió para siempre debido a la presión de la caza. En 1965 se observó por última vez un ejemplar de la foca del Caribe, Monachus tropicalis, en Cayo Alburquerque, en el Archipiélago de San Andrés y Providencia. …(Rodríguez V., 1986).” (Ramírez-Perilla 1996, [En nuestra bibliografía, incluimos la referencia de Rodríguez 1986, como: García et al. 1986]).

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